Madre, el tiempo va corriendo
como las aguas profundas del río
donde algunas veces
te bañaste; como las escaleras bajan
para tomar el tren rumbo a la nada.
Cuando uno se sube al tren,
me lo dijiste irónica una tarde,
ya no se puede bajar hasta que llega
a su sino;
ya no se baja en verdad
hasta que escucha el silbato del tren,
la voz del porter diciendo:
“Arriaga, señoras y señores, la próxima bajada”.
Cuando uno se sube al tren, hijo querido,
ya compró su boleto, decidido
a dejar la ciudad, a marcharse
con la ilusión en el rostro
de hallar otro horizonte.
Pequeña de mi corazón, te aviso,
el amor que nació un lejano día
se hizo árbol frondoso de mango de manila.
En las mañanas llegan chillonas las chatías
y en la tarde se asientan los oscuros zanates
y pelean feroces debajo de la luna,
silenciosos, mortales, incansables,
al murciélago azul hambriento de los mangos.
Pequeña de mi corazón, el dulce de los mangos rendidos
a su agridulce aroma sostenido
agita el corazón igual que una doncella despierta
los deseos moribundos de un hombre envejecido.
No hay nada tan hermoso en esta vida,
pequeña de mi corazón sombrío,
que el sentimiento intenso
palpitando en todo el cuerpo,
como el dulce sabor de una granada,
lengua contra lengua, vientre contra vientre,
entre largos susurros y suspiros
y el lóbulo oprimido entre los dientes.
No hay nada tan hermoso en esta vida,
realmente,
que la noche profunda
suspendida en el filo del llanto,
en la curva convexa del deseo
en el momento exacto donde todo,
donde toda la conciencia se hace nada.
La vida pasa pronto como el vuelo
de un chupamirto.
Pronto estamos al centro del invierno,
pronto se irán cayendo las hojas y los troncos
harán más duras sus cortezas para aceptar
el frío que se anuncia aun más crudo
con esos azacuanes volando hacia los trópicos felices.
La vida va tomando su sentido
cada día más pleno.
Más brillantes las hierbas ante los vientos fríos,
las tuzas y las zarigüeyas
van centrándose en las cuevas para llenar los nichos
los próximos tres meses,
hasta que venga sola
sus largos vestidos, la primavera.
Así que esta mañana de nubes omniscientes
el camino se ha ido haciendo largo,
dejando que discurra el pensamiento.
No olvides que este amor tú lo fundaste,
pequeña de mi corazón sombrío,
desde el deseo de tu inocencia.