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El tiempo revolucionario

Apuntes sobre la obra de Carlos Fuentes (tercera parte)

Ramón Valle Muñoz


En esta entrega, continúo con los comentarios o apuntes sobre la obra de Carlos Fuentes; toca el turno al cuarto apartado de la Comedia Humana o la Edad del Tiempo, como llamó Fuentes al plan general de su obra narrativa. El tiempo revolucionario incluye sólo dos novelas, Gringo Viejo y Emiliano en Chinameca. La primera de ellas fue publicada hace 40 años, en 1985, pero de la segunda no se han encontrado siquiera notas de trabajo, afirma Jovany Hurtado, especialista en la obra de Fuentes.1

En una entrevista con Mónica Mateos-Vega, publicada en el periódico La Jornada2 en diciembre de 2010, Fuentes declaraba: “Son muy pocos ya mis pendientes literarios, tengo que apurarme, se trata de las novelas: La novia muerta, El baile del centenario, Emiliano en Chinameca, El camino de Texas, Aquiles o el guerrillero y el asesino3 y Prometeo o el precio de la libertad”. Sobre Emiliano en Chinameca, en esa misma entrevista Fuentes aclara: “No sé cómo abordarlo, pues me ganó Pedro Ángel Palou, con un libro muy bueno, con el tema muy bien desarrollado4 que me robó un poco el afán de escribir Emiliano en Chinameca. Estoy esperando, a ver si tengo tiempo. Estoy imaginando maneras de tratar el día de la muerte de Zapata, sólo ese día, pero tengo que encontrar la fórmula literaria”.

Pero retomemos Gringo Viejo. Se trata de la undécima novela de Carlos Fuentes y se gestó durante de veinte años que van de 1964,5 año de inicio de su escritura, a 1984 y publicado al año siguiente en México por el Fondo de Cultura Económica.6 fue un éxito editorial, sobre todo en Estados Unidos. En 1989 sería llevada al cine por Luis Puenzo.7 Cronológicamente, Gringo Viejo se publica entre las novelas Una familia lejana (1980) y Cristóbal Nonato (1987); unos años antes (1982) aparece la obra teatral Orquídeas a la luz de la luna. Esta fructífera década inicia en 1981 con la colección de cuentos Agua quemada.

En 1984, Fuentes fue galardonado en México con el Premio Nacional de Artes y Literatura en la categoría de Lingüística y Literatura y tres años más tarde, en España, se le otorgó el Premio Miguel de Cervantes en 1987.

Gringo viejo es contemporánea de tres grandes novelas de autores latinoamericanos: La casa de los espíritus (1982) de Isabel Allende (Chile), El amor en los tiempos del cólera (1985) de Gabriel García Márquez (Colombia) y la épica novela de Mario Vargas Llosa (Perú) La guerra del fin del mundo (1984).

En el año de publicación de Gringo Viejo, 1985, México pasaba por un época social y económica muy difícil, la cual tendría su punto álgido con el terremoto del 19 de septiembre de ese año; el fenómeno, aunque fue sentido con gran fuerza en otros estados del país, golpearía con poder devastador a la Ciudad de México. Esta desgracia agudizó la crisis política y socioeconómica que años después daría fin a la dictadura perfecta con la llegada de otro partido al poder; pero en nuestros días, el dinosaurio sigue aquí y volvió al poder con el regreso del populismo demagógico, empobrecedor, corrupto y voraz del nacionalismo revolucionario del viejo PRI reagrupado en la narcoizquierda que gobierna México desde 2018.

Este periodo convulso no fue ni es único de México. El resto del mundo estuvo marcado por hechos de los que, aún en nuestros días, podemos sentir sus efectos: el recrudecimiento de la guerra fría con Reagan, Brézhnev, Gorbachov, Walesa, el IRA y el Muro de Berlín como protagonistas; pero también el inicio de las reformas económicas en China y la Unión Soviética, así como los sucesos trágicos en dos de los grandes campos del desarrollo científico y tecnológico del siglo XX, me refiero a los viajes espaciales y el desarrollo de la energía nuclear. En un mismo año, 1986, sucederían la explosión del transbordador espacial Challenger y el peor desastre nuclear de la historia en Chernóbil.

En ese contexto se sitúa Gringo Viejo, que nos ofrece la historia de un hombre viejo, escritor y periodista proveniente de Estados Unidos,8 que decide cruzar la frontera hacia México en busca de una muerte más digna, superior a la ancianidad, a la enfermedad o a la caída por las escaleras de la bodega; quería morir fusilado por Pancho Villa. En busca de la muerte, se encontrará con Harriet Winslow, su connacional, quien, motivada por el abandono de su padre durante la guerra de 1898 en Cuba, ha venido a nuestro país como instructora de los hijos de una familia adinerada. El viejo y Harriet se verán envueltos por la lucha armada de la revolución mexicana, personificada en el general villista Tomás Arroyo y su ejército: “Las palabras les sonaron huecas a los dos, porque nadie tenía que informarles que eran prisioneros para que ellos se sintieran, esa noche, enjaulados por la extrañeza del lugar, los olores, los rumores, la alegría borracha que se iba acercando; el puño cerrado del desierto”.9

Así, el destino de los tres personajes se entrelazará trágicamente, similar al que sucede en una ópera clásica, en donde el sino fatídico de los personajes es el tema central, como sucede en Carmen, La Traviata o Tosca. El drama y la fatalidad son motores narrativos que generan en la novela tensión y emoción. Los tres protagonistas (el viejo, Harriet Winslow y Tomás Arroyo) están marcados por circunstancias históricas y personales que los llevarán hacia desenlaces trágicos. El viejo busca una muerte digna, Harriet ve trastornada su visión del mundo debido a la desaparición de su padre, el rompimiento con su entorno afectivo y la Revolución; por otra parte, Arroyo está consumido por sus ideales malsanos y conflictos internos marcados por su pasado. El entrelazamiento de los destinos de los tres personajes refleja la visión de Fuentes sobre la historia mexicana, como una fuerza poderosa que determina el rumbo de los individuos, pero siempre habrá seres excepcionales que, al verse en situaciones límite, ponen a prueba su capacidad para resistir y transformar su historia individual sea en armonía, conformismo o rebeldía ante la macrohistoria.

En la narrativa de Carlos Fuentes el destino de los personajes constituye un elemento esencial para explorar la condición humana. A través de ellos, analiza cómo las fuerzas históricas y personales influyen en las decisiones y en los desenlaces, mostrando la inevitabilidad de ciertos destinos. Así, Gringo Viejo utiliza el drama y la fatalidad para comprender no sólo la historia mexicana, sino también el profundo conflicto interior de los personajes y su lucha ante los acontecimientos que los superan.

Como hemos visto en las anteriores entregas, en gran parte de la obra de Fuentes el elemento narrativo histórico, aunque no es el factor definitorio, actúa como catalizador primordial que permite a los personajes expresar y desarrollar sus impulsos vitales e intelectuales. En Gringo Viejo, el espacio-tiempo histórico donde se desarrollan las acciones principales, corresponde a los primeros años de la Revolución Mexicana, situándose al norte del país, en los estados fronterizos con Estados Unidos. No obstante, el tiempo y el espacio “reales” de la narración se trasladan muchos años después, en el apartamento de Harriet Winslow en Washington, a orillas del Potomac, en el Atlántico, el centro del mundo. Allí, sentada y sola, Harriet recuerda y observa cómo el polvo se organiza en una especie de cronología silenciosa que le incita a rememorar. Es un polvo memorioso que insiste en organizarse sólo para ella, movilizando los pasados del Gringo Viejo, de Tomás Arroyo, de la Mujer con cara de luna y reuniéndolos con el propio pasado de Harriet.

Así, los recuerdos de una mujer sentada y solitaria generan las voces narrativas de la novela. La estructura de Gringo Viejo se apoya en el mecanismo de la memoria y su interiorización de los eventos históricos, así como de los recuerdos personales entrelazándolos y dando forma al relato, es así como la memoria individual se convierte en el motor de los diversos pasados y los integra en una historia común.

La narración en Gringo Viejo se distingue por su ruptura con la linealidad tradicional. Lejos de presentarse como una sucesión cronológica de hechos, la novela fluctúa constantemente entre el pasado y el presente de Harriet Winslow, del Viejo y de Tomás Arroyo. Esta oscilación temporal subyace en la composición circular de la obra, apreciable desde la primera hasta la última frase: Ella se siente sola y recuerda. La circularidad narrativa refuerza la idea de que los recuerdos y las vivencias no se organizan de manera secuencial, sino que emergen y se reorganizan en la memoria de forma fragmentada y sinuosa, al igual que el polvo que evoca el narrador al inicio de la novela.

El polvo es un elemento muy presente en la obra y adquiere un papel fundamental como símbolo y mecanismo estructural. No sólo representa el paso del tiempo y la acumulación de recuerdos, sino que actúa como un organizador silencioso de la memoria. El narrador sugiere que el movimiento del polvo no sigue una cronología lineal, sino más bien una dinámica agitada por los ecos de la memoria y el avance inexorable del tiempo. Así, el polvo se convierte en la metáfora de una cronología personal e íntima, distinta al tiempo histórico, y que es constantemente alterada por los recuerdos de Harriet y los demás personajes.

A través de este recurso narrativo, Fuentes subvierte el simbolismo tradicional del polvo entendido como estado de máxima destrucción. Aunque el polvo, al igual que la ceniza, suele asociarse a la muerte y al deterioro —la ceniza vinculada al fuego y el polvo a la tierra—,10 en la novela adquiere una dimensión más compleja. Si bien mantiene su sentido negativo relacionado con la muerte, en Gringo Viejo el polvo también es el catalizador de la memoria y la evocación.

En un auténtico acto de alquimia narrativa, la memoria, el deseo y la palabra se transforman y se entrelazan para dar forma a la novela. La estructura circular y la constante interacción entre pasado y presente permiten que los recuerdos individuales y colectivos de los personajes se amalgamen en una historia común, donde el tiempo no es una línea recta, sino un espacio de resonancias y ecos que sostienen la trama y profundizan en la condición humana.

Gringo Viejo es una novela de transformaciones, no únicamente en el plano de los personajes, sino en el del género. No forma parte del canon tradicional de la novela revolucionaria mexicana como Los de abajo (Azuela), El águila y la serpiente (Guzmán) o Cartucho (Campobello), pero hace una reinterpretación contemporánea del género desde la perspectiva de los personajes. Podemos situarla como una novela posrevolucionaria al utilizar el tema de la Revolución como telón de fondo para explorar otros temas; en cuanto a su lenguaje, es más “contemporáneo” y su narrativa discontinua, digamos que faulkneriana, asimismo los personajes resultan más introspectivos y su destino, como apuntaba líneas arriba, no está exento del drama y la tragedia.


Notas

1 En https://www.excelsior.com.mx/expresiones/carlos-fuentes-el-puente-entre-america-latina/1458144.

2 En https://www.jornada.com.mx/2010/12/09/cultura/a07n1cul.

3 De ellas, únicamente se ha publicado una, Aquiles o el guerrillero y el asesino (2016).

4 Fuentes se refería a Zapata, publicada por Palou en 2006.

5 En la nota del autor al final del libro, fechada en febrero de 1985, Fuentes escribe: “Este libro fue comenzado en un tren entre Chihuahua y Zacatecas en 1964 y terminado en Tepoztlán, Morelos, en 1984”.

6 Para esta entrega se consultó la siguiente edición: Fuentes, Carlos (2002). Gringo Viejo. Colección Carlos Fuentes. Planeta-De Agostini. Madrid.

7 En https://www.filmaffinity.com/es/film616834.html.

8 Fuentes construye este personaje basado en el escritor y periodista Ambrose Bierce, autor, entre otros libros, del Diccionario del diablo. Bierce se trasladó a México en 1913 y desapareció sin dejar rastro.

9 Fuentes, Carlos. Op. cit. , p. 63.

10 Cirlot, Juan-Eduardo (1992). Diccionario de símbolos (novena edición). Colección Labor. Nueva Serie 4. Labor. Madrid.


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Moloncos de Jesús Morales

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Jenny Covarrubias

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Laura Montes Urquidi

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Rocío Sáenz

Exposición en el MUSA


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Elena Parau Rumania

Pintura