
Hay días que el calendario no registra, pero el cuerpo sí. Días que se prolongan más allá de la medianoche y permanecen suspendidos entre la pérdida y la reconstrucción.
Este collage nace de un 31 de marzo que nunca terminó. Entre paisajes devastados, un corazón que aún arde y un espejo que devuelve preguntas en lugar de respuestas, “Marzo 32°” explora el duelo que acompaña a los cambios inesperados y la persistencia de aquello que permanece vivo incluso después del derrumbe.
No todos los finales caben en una fecha. Algunos habitan, para siempre, un día que no existe.