Entre las luces que reposan en domingo
y entre los árboles de amores y de llanto:
las bancas de los parques se insinúan
a miradas que se olvidan en los labios.
Los hombres y mujeres ya son sólo
reflejo de sus voces en mis manos.
Los columpios y la resbaladilla
se burlan de la piedra en el zapato
del que en amor ignora desventuras.
Nada dicen las arbolosas piedras
nada, los afanados gatos
y nada tú y yo nos decimos, porque
el fruto del silencio es nuestro canto.