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En busca del género perdido

Israel Echeverría López


Desde el inicio de la creación, la vida se ha manifestado de forma clara en todos los seres, y siguiendo el mismo proceso de nacer, crecer, reproducirse y morir, asegurando así su continuidad en el mundo.

Las plantas son un elemento vivo, y en sus infinitas formas abundan por el mundo entero, sólo que carecen de razonamiento; su comportamiento es natural y mecanizado, supeditado a su hábitat, y aunque crecen y buscan la luz y el agua y adoptan formas específicas no emite sonidos para comunicar sus ideas; aunque estáticas, afectan directamente a su entorno con sus propiedades. Ya sea que se trate del más pequeño musgo en la superficie de una roca o del árbol más grande en la superficie del mundo, siguen el mismo proceso: nacen de una semilla que en su interior contiene los elementos que le dan la vida: posee dos elementos básicos para la reproducción, los cuales entran en acción al momento del estímulo que les producen el agua, la luz y la tierra, que los mezcla, los funde, los une para comenzar así el proceso de transformación y crecimiento.

Las plantas son organismos vivientes que se reproducen por medio de sus mismas semillas segregadas a capricho del viento y de la naturaleza, y mueren dejando tras de sí la promesa de la continuidad de su especie.

Los animales, en cambio, son más autónomos, seres vivos que también nacen, crecen, se reproducen y mueren, mas ellos son dirigidos por una herramienta natural impuesta a todos los seres vivos sobre la tierra: el instinto.

Todas las especies del mundo (con raras excepciones) son el complemento de su pareja: el macho preña a la hembra en un ritual de cortejo natural nacido del instinto. A diferencia de las plantas, eligen a sus pareja conforme los estatutos de calidad que necesita la especie, compiten por ella, no por poseerla o volverla de su propiedad, sino por el instinto animal de brindarle al grupo un número más nutrido de elementos para hacerse fuertes entre ellos mismos; el macho penetra a la hembra para depositar en ella sus espermas y asegurar la continuidad de la vida de sus respectivas especies; una vez preñada la hembra, el macho se retira para buscar otra hembra para fecundarla, y así, sin complejos ni dolor sentimental continúan hasta la muerte, no se exigen compromisos ni fidelidad, pues el apego social no les afecta por la falta de razón y conciencia, incluso existen especies en las cuales, cuando ya fue preñada, la hembra devora al macho por la única razón que ya cumplió su cometido y ahora brinda alimento y fuerza a la hembra y a las próximas crías; en casos más extremos algunas crías son devoradas por los mismos padres o por sus hermanos, ya que el instinto les hace entender que sólo algunos ejemplares sobrevivirán (los más fuertes); todo ocurre sin el menor remordimiento, pues los animales no crean lazos sentimentales entre sí; si algún animal le llora a su amo es porque el ser humano lo ha domesticado y nada más. Este proceso de reproducción de los animales nos lleva a considerar, pero sin entrar en controversias, que no ha existido jamás, ni existirá, que dos machos o dos hembras se reproduzcan, no tienen esa facultad y lo saben, por eso no existe la homosexualidad ni el lesbianismo entre los animales.

El ser humano, en cambio, tiene conciencia, capacidad de análisis, puede actuar con alevosía y controlar sus sentimientos, sabe mentir, puede engañar, piensa en sus acciones antes de ejecutarlas con base en sus resultados y previene sus errores, comete faltas con conocimiento de causa, abusa, se arrepiente, corrige y reintenta, persevera, se proyecta, planea y actúa, y por encima de todo, crea lazos sentimentales, se entrega, ama, odia, ofende y se disculpa, depende de sus emociones, se compromete, ignora, es suspicaz e intrépido, tiene arrojo y valentía, se atemoriza, duda, titubea, siente miedo, se detiene, controla sus instintos, los modifica, pero como todas las especies, nace, crece, se reproduce y muere.

Este itinerario es inamovible, inmodificable, el cuerpo humano está obligatoriamente facultado para tales funciones, es el producto de la inexorable tarea de la naturaleza, y aunque el ser humano tenga el privilegio de elegir con quien reproducirse, ese alguien debe y tiene que ser obligatoriamente del sexo opuesto, cualquier otra selección está motivada solamente por el gusto físico, por el placer carnal de una experiencia mentalmente diferente, nada tiene que ver con la espiritualidad ni con el equilibrio rigurosamente estipulado por la naturaleza.

Tanto un hombre como una mujer están constituidos por un aparato corpóreo que es sensible al cien por ciento, por dentro y por fuera, el cerebro está conectado con cada pequeña parte de este cuerpo y envía y recibe señales que procesa como estímulos que le provocan placer o dolor, atracción o repulsión.

Físicamente, el acto sexual tiene un propósito ineludible, la reproducción y continuidad de la vida en la tierra; si no se realiza con ese cometido la finalidad es entonces el placer físico, la sensación carnal de disfrutar el enigmático poder de un orgasmo.

Existe el placer auditivo, el del aroma, el del sabor, el de la vista, todos estos sentidos también compartidos por el género animal, mas el sentido del tacto tiene un cuerpo lleno de sensores que lo detectan, y el placer de una eyaculación no tiene comparación, la pareja que se elige para este acto debe cubrir la necesidad de los demás sentidos, será una pareja hermosa, con un olor sublime por la activación de las miles de feromonas que se desprenden de un cuerpo excitado sexualmente, independientemente de que sea hombre o mujer, la sensibilidad funciona de manera automática e instintiva; se ha dado el caso de que si no se sabe quién te toca físicamente aun así el sentido del tacto reacciona positivamente.

Cubre los ojos de un hombre y dile que una hermosa chica le brindará algunas caricias en cierta parte del cuerpo y este se programará de tal manera que percibirá en su cuerpo una sensación placentera que le brindará incluso una erección, sin saber que no fue una hembra quien le bridó las caricias, sino un joven de manos suaves.

El placer es entonces percibido a través del contacto físico sin diferenciar el género sexual, una caricia es igual de placentera tanto de un hombre como de una mujer, al igual que una muestra de violencia, el dolor y el placer son estímulos que no reconocen género alguno, el cerebro reacciona por medio de estos sentidos, los cuales cubren el cuerpo humano en su totalidad.

Entonces el género perdido que estamos buscando no existe, no existen los homosexuales ni las lesbianas, estas personas son seres humanos iguales que cualquier otro, no son diferentes en nada absolutamente, erróneamente están etiquetados y son segregados por tener un gusto diferente de estímulos sexuales y ellos mismos han llegado a creer esto y están constantemente a la defensiva, la sociedad los cataloga como si fueran un género diferente de humanos, pero aunque ellos mismos no se den cuenta son parte de esta sociedad y por sentido común deben ser tratados de igual manera, ni mejor ni peor.

Pongamos las cosas claras y hablemos con la verdad más lógica que nos puede dar el sentido común, llamemos a las cosas por su nombre, coloquemos cada cosa en su lugar y démosle su verdadera función.

El hombre penetra a la mujer, eyacula en ella y deposita su semen, para darle a los espermas la tarea que le corresponde: preñar a la hembra.

La hembra ovula, segrega feromonas que indican que ya está lista para recibir en su óvulo el complemento que hará posible la creación de nueva vida.

Los dos en sus respectivos papeles están predestinados para que en el acto sexual realicen fisiológicamente su tarea a través de la excitación, el contacto, el estímulo se entregan a un frenético intercambio de caricias que resultan agradables de forma inexplicable, irrefrenables, incontrolables, pero que han atraído al ser humano a no resistirse a tal acto, y a que busque, de forma instintiva, cual animales, el clímax de todo este equitativo intercambio de placer, el orgasmo, que trae consigo la inevitable eyaculación por ambas partes.

Esta búsqueda de placer, independientemente de querer procrear, lleva a los humanos a experimentar nuevas sensaciones, experiencias diferentes que lo ponen en situaciones poco convencionales, situaciones que están fuera de toda norma establecida, o querer darle estas nuevas experiencias el nombre de ideología, o de sentir que son una nueva especie que fue creada por la naturaleza o alguna otra fuerza divina, tal género no es real.

Por ejemplo, los llamados homosexuales o gays son hombres que quisieran ser mujer. En este sentido, ¿no deberían buscar pues la compañía de un hombre? Pero no existe hombre que quiera formar pareja con un homosexual, un hombre busca como compañera una mujer, entonces encuentra otro homosexual, que también quiere ser mujer, y forman pareja, no están destinados a una completa aceptación, pues lo que los une sólo es la búsqueda de un estímulo físico que satisfaga su manera diferente de excitación, uno de ellos en determinado momento tiene que renunciar a su inclinación para convertirse en lo que no quiere ser, un hombre, un hombre que penetra, que se excita con su correcta función, que eyacula, cumpliendo así con la tarea que por naturaleza le corresponde, luego se contradice e intercambia con su pareja igualmente confundido y que para solaparse uno al otro se transforma también en lo que niega ser, y así en un círculo vicioso de contradicciones se convencen de que están en un cuerpo equivocado y tienen que aceptar que la naturaleza no se equivocó, tienen que aceptar los dos que deben de contradecir su idea de que son mujeres en un cuerpo de hombre y aceptar por lógicas razones que son hombres eyaculando, y que tristemente su inclinación es motivada por un simple y pasajero gusto físico, ya que dicha eyaculación es del todo inútil, pues el semen derramado en el ano masculino no concebirá jamás una nueva vida, reduciendo su acto a sólo una muestra de placer compartido entre dos hombres plenamente constituidos.

De igual manera están las mujeres que se hacen llamar, por tradición social, lesbianas y también gays; aseguran, según su sentir, que están atrapadas dentro de un cuerpo equivocado, proclaman ser hombres, renegando de su naturaleza física y mental, e intentan de múltiples formas transformarse en hombre, cortándose el cabello, hablando de forma más grave y golpeada, descuidando su figura y creando una complexión robusta que en algunos casos llegan a verse mucho más masculinas que muchos hombres, y buscan una pareja que parezca mujer para sentir que son el macho en la relación; mas esta mujer que se convierte en su pareja también es lesbiana, también está convencida de que es hombre y que le gustan las mujeres, entonces esa otra que parece hombre se convierte en su pareja mujer, que aunque tiene apariencia de hombre, género repulsivo para las lesbianas, pero que sólo una mujer con un pensamiento afín puede solapar sus filias; el asunto es muy parecido al de los hombres que se hacen llamar homosexuales. Estas relaciones lésbicas tienen contradicciones evidentes: su gusto físico por otras mujeres procura también la búsqueda sexual del orgasmo a través del contacto físico, así como el intercambio de caricias que estimulan su libido y excitación; se acarician, se buscan, se frotan frenéticamente sus órganos sexuales y se penetran con sus dedos o con su lengua y esto les provoca un placer idéntico al de la penetración masculina que se lleva a cabo en el apareamiento natural de hombre, mujer, llegan al orgasmo y explotan en gritos y gemidos de placer que evidentemente demuestran que están disfrutando del acto en sí, cosa contradictoria, ya que declaran renunciar a su estado de mujer aunque el orgasmo que hayan sentido sea el de una mujer siendo penetrada por un pene de hombre, pero como una lesbiana en su idea de lesbiana no puede ni debe tener relaciones heterosexuales busca dicho placer de formas artificiales como el estímulo de sus labios vaginales con los dedos o la lengua de su pareja femenina, o la penetración también vaginal y a veces anal de penes de plástico o artefactos vibratorios que hacen el trabajo que haría un hombre, renunciando nuevamente así, por algunos minutos que dura el placer recibido a ser hombres, que por el hecho de ser hombre no aceptarían ser penetrados, sino penetrar, entonces se toman el pelo y se intercambian el papel de hombre para satisfacer el instinto femenino que les inunda el cuerpo de mujer que tienen, alcanzan así un orgasmo igualmente inútil, porque la explosión de placer que despierta su óvulo y lo hace funcionar, porque no recibe esperma alguno para asegurar la continuidad de la vida con la unión del esperma y el óvulo, naturalmente no existe concepción alguna y ese acto entre dos mujeres se convierte también en un simple acto sexual sin trascendencia alguna, condenando su estatus a desaparecer.

Entonces por qué te dices diferente, haciéndote ver tu misma como alguien fuera del contexto natural, como fuera del sistema, ese sistema que te segrega y te condena, tú no mereces ser condenada, mereces que se te trate de igual manera que a todos sobre la faz de la tierra, como ser humano, hombre o mujer, ese otro género que te dictaminaron o que te dictaminaste tú no existe, es una etiqueta que te aparta de los demás seres humanos, eres hombre o eres mujer, no otra cosa. ¿Dónde está pues ese tercer género y para qué es? Si no da vida ni asegura la continuidad de la misma, si su constitución fisiológica no aporta nada nuevo a la diversidad de órganos humanos, si su mente tiene las mismas facultades que cualquier hombre o mujer, ¿dónde está? ¿Cómo es? ¿Quién lo creó? ¿Para qué? ¿Por qué? No existe en el mundo nadie que pueda dar respuesta a estas preguntas, ni dentro de la misma comunidad homosexual o gay, no hay respuestas por el hecho de que no existe un tercer género.

No me considero homofóbico ni soy quién para juzgar a otros seres humanos, sólo que empujado por la lógica natural del mundo tengo la certeza de que no existen, son hombres o mujeres con una inclinación sexual diferente, pero siguen siendo hombres y mujeres, el gusto por las experiencias alternativas es muy respetable, pues esta diversidad también se manifiesta en otros ámbitos, como los alimenticios o musicales, cada ser busca en el mundo lo que su gusto o percepción le satisface, claro que hay extremos evidentes que provocan controversia, pero mientras no atente contra terceros, física, emocional o materialmente no debería ser atacado de forma tan inquisitiva, porque la diversidad es también un ingrediente esencial para la humanidad, diversidad de pensamiento, diversidad de perspectiva, diversidad mental, mas no diferencias naturales o físicas que no tienen fundamento ni se pueden demostrar, el cuerpo del ser humano está creado de forma clara y con un propósito definido y no existe en este mundo otro género humano diferente, la naturaleza no lo permitiría, la mujer y el hombre son la especie que encabeza una cadena de seres vivos que también fueron creados como macho y hembra, las costumbres o tradiciones que dictaminan un comportamiento versátil en la conducta de los seres es la muestra de su capacidad mental y creativa, que en ocasiones rebasa la lógica del comportamiento natural y pone en riesgo su propia existencia; no soy, como se dice comúnmente, homofóbico, cada ser humano me merece el más grande respeto por la sencilla razón de ser una manifestación de la vida en el mundo, por ser un ente autónomo que piensa, crea y actúa por sí mismo, que nace y ya es individuo y tiene la capacidad de ser quien es, con gustos, manías, valores o fobias, pero que en esencia es único entre todos los seres humanos; yo respeto eso, mas esas mismas cualidades que a mí también me fueron impuestas por la naturaleza me dan la libertad de entender de forma personal la lógica del concepto del género humano y sus características inalienables.

Homosexuales, lesbianas, caminen por el mundo sin esas etiquetas sobre ustedes, eliminen de forma firme cualquier calificativo que los denigre o segregue, no son homosexuales ni lesbianas, son hombres y mujeres y siéntanse orgullosos de serlo, pues nada confirma lo contrario. Tu gusto de disfrutar el placer sexual es muy tuyo, y como tuyo debes mantenerlo sólo para ti, ten en cuenta que el mundo no camina a tu mismo ritmo, no pregones pues tus filias ni tus fobias esperando que te entiendan o te acepten, cada quien es dueño de su voluntad y responsable de sus acciones, camina pues por el mundo como un hombre, como una mujer, y disfruta libremente de tus prácticas con quien te sientas identificado, pero en tu espacio, para que no conviertas a la sociedad en tu enemigo por no pensar como tú, no lastimes ni dañes mentes inocentes, no tienes ese derecho, nadie lo tiene, y no creas que por que tus prácticas no son de uso común se te puede dañar a ti, mas no impongas tus ideales por la fuerza ni cuestiones los ideales de los demás, es natural que si tú intentas adoctrinar con tus ideas, también estás a expensas de que te quieran dictaminar otras ideas a ti, cuida tu línea y no quieras imponer nada a otros porque tu comunidad acabará siendo catalogada como sectaria.

Quiérete como naciste y date cuenta que si crees que eres diferente lo serás sólo para ti mismo, para los demás eres mujer u hombre únicamente, goza pues el cuerpo que te tocó y respeta el de los demás, el placer sexual sólo se disfruta cuando ambas partes están de acuerdo, ya sea hombre con mujer o mujer con hombre, o mujer con mujer u hombre con hombre, porque ambos sienten como seres vivos que son. (Yo me considero hombre, pero no me siento tan valiente como para soportar una penetración anal.) Si otros hombres llegaron a tomarle gusto, muy su cuerpo, muy su práctica.

Al final encontré una conclusión que a mí me convence: entre hombres como entre mujeres el acto sexual tiene una finalidad, dar vida, provocar placer y satisfacer el instinto corporal de la procreación. Si fuera real ese tercer género, la pregunta sería: los homosexuales, ¿por dónde? Y las lesbianas, ¿con qué?


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