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Vicente Rojo
El arte de las variaciones sutiles

Ramón Valle Muñoz

En general creo que el arte, la literatura, el cine y la música
no muestran su verdadero valor en el momento de ser creados y
encontrarán su lugar, si es que lo tienen, en un futuro impredecible.
Vicente Rojo

Conocer la vida y obra de un personaje clave de la cultura mexicana contemporánea como lo es Vicente Rojo es lo que ofrece en un ensayo breve y conciso Lelia Driben. Especialista y crítica de arte contemporáneo, nos lleva a conocer la influencia de Rojo en la literatura, el diseño gráfico y las artes plásticas de los últimos sesenta años. La “curaduría” que acompaña el ensayo abarca imágenes de obras de Rojo de 1964 a 1993.

Exilio y renacimiento en México

Driben inicia su prólogo con una semblanza de la infancia de Vicente Rojo: de 1932 a 1948 la familia del pintor sufre los efectos de la represión franquista debido a la filiación comunista de su padre y republicana del abuelo; situación que obliga a la familia Rojo a refugiarse durante cuatro meses en el sur de Francia. Durante su infancia Vicente Rojo aprende el manejo del torno, la marquetería y, entre otros oficios, la talla en yeso, dibujo y cerámica.

En 1949 Vicente Rojo y su madre llegan a México. Su primer trabajo como diseñador, en ese mismo año, consistió en ilustrar la letra C del Diccionario UTEHA.

A partir de 1950 comienza a trabajar con Miguel Prieto como asistente en la Oficina de Ediciones del Instituto Nacional de Bellas Artes. Funda con Miguel Salas Anzures la revista Artes de México de la cual sería director artístico hasta 1964. Ingresa al suplemento México en la Cultura. Al morir Prieto, en 1956, Vicente Rojo asume la dirección artística del suplemento, misma que ocupa hasta 1961, año en que junto con Fernando Benítez pasa a la revista Siempre! Y hasta 1976 es el responsable gráfico del suplemento La Cultura en México.

De manera paralela a estas actividades, desde 1954 colabora con la Dirección General de Difusión Cultural de la UNAM en el diseño editorial de “numerosos libros, catálogos y carteles [los cuales] llevan la marca y el sello inconfundible de Vicente Rojo” (Lelia Driben, 1996: 16; ver referencia; en lo sucesivo solo se mencionará el número de página).

En este mismo año comienza a diseñar para la Imprenta Madero: “Allí se imprimía gran parte de la labor editorial de la UNAM del INBA, además de otras muchas publicaciones como la revista Diálogos y más adelante, el verdadero Plural, Nexos y Vuelta” (p. 17).

La pintura: primeros pasos

Durante los primeros años de residencia en México asiste a clases de pintura dictadas por Agustín Lazo en La Esmeralda y a clases de desnudo con Raúl Anguiano. Según sus palabras, fueron los encuentros con Antonio Souto los que le dieron “los elementos necesarios para comenzar a intuir que era un cuadro” (p. 18).

Aunque en sus primeros trabajos Vicente Rojo prefiere como tema la realidad social, formalmente se aleja de la imitación representativa de lo real prefiriendo “una pintura figurativa con claros rasgos geometrizantes, es decir, con formas reconocibles pero sujetas a cierta transformación respecto a sus modelos externos” (p. 18).

Su primera exposición es de 1951 en la Galería Proteo. En los cuadros de esta primera muestra el tema de la guerra y la paz es la constante. “Un marcado tono dramático atraviesa a varios de estos lienzos” (p. 19).

En 1959 tiene lugar su segunda exposición. Los trabajos están marcados por el abstraccionismo y se encuentran agrupados con el título de Presagios. En esta etapa una de las preocupaciones de Vicente Rojo fue la búsqueda de texturas.1

Vicente Rojo formaría parte del llamado grupo de la “ruptura”, quienes cuestionaban seriamente las “derivaciones de carácter realista de la Escuela Mexicana de Pintura” y su movimiento representativo: el muralismo, personificado por Rivera, Orozco y Siqueiros. Rojo define al grupo que formaban Gironella, Echeverría, Cuevas, Felguérez, García Ponce, Carrillo, Von Gunten, como grupo de apertura, “de una búsqueda de nuevos cauces expresivos, de otros lenguajes visuales […] con propuestas innovadoras, pero de una manera o de otra, todos somos deudores de […] Rufino Tamayo, Carlos Mérida, Gunther Gerzso, Ricardo Martínez, Juan Soriano, Pedro Coronel” (p. 21).

Continuidad de una trayectoria

En 1960 se funda ediciones ERA, en la que Vicente Rojo participará como miembro del consejo editorial y director artístico. Algunas de las obras cuyo diseño es de Rojo son Aura, La noche, Narda o el verano, Cien años de soledad, La obediencia nocturna, Hasta no verte Jesús mío, Días de Guardar, El apando, Pasado en claro, El otoño recorre las islas, La palabra mágica y los cuadernos de trabajo de Juan Rulfo.

Su pieza “Artefacto”, de 1969, “emerge como paradigma del lugar que los libros han ocupado en el contexto de su acervo estético” (pp. 23-24).

Driben define de la siguiente manera la obra de Rojo: “Una sabia combinación de rigor, contenido, equilibrio y magnificencia expansiva atraviesa por entero la producción pictórica de este artista. Color, materia y formas llevadas muchas veces a una extremada síntesis concretan aquellas obras que […] constituyen la imagen visible de la pintura abstracta.

”Dentro de ella, el conjunto de su trabajo se divide en series, tal vez porque los procesos internos y formales de su búsqueda necesitan encontrar la particularidad de cada cuadro, a través de una continuidad que impulse variaciones sutiles. Y es, justamente, en la sutileza de lo que gradualmente cambia y se transforma donde, en este caso, se halla la riqueza visual de la obra” (p. 24).

La primera de estas series se titula Señales (1965-1970): “Se trata de composiciones que muestran una pintura muy tersa y colorida, en las que la forma de la señal se reitera como elemento en común” (p. 25).

¿Cómo se relaciona el diseño gráfico y la obra pictórica de Rojo? Driben, nos da la respuesta:

“Un diseño gráfico comporta un mensaje, una señal. Rojo le pide prestada la señal al diseño para hacer de ella una figura del cuadro. Pero también la señal remite a cuestiones secretas de la memoria, del pasado y del presente, a la más profunda interioridad del pintor. La señal entonces es una flecha lanzada hacia el vacío, cargada de preguntas, y la no explicitación de esas preguntas es lo que da vigor y densidad a su habitar en el interior de cada tela” (p. 25).

Como diseñador gráfico y editor de revistas su trabajo ha sido prolífico: Revista de Bellas Artes, Revista de la Universidad, Plural, Artes Visuales, México en el Arte y en 1984 realiza el diseño gráfico del periódico La Jornada.

En cuanto a la edición de libros de poesía, Vicente Rojo afirma: “Proviene de la certeza de que la poesía mueve al mundo” (p. 26). Entre los trabajos más destacados se pueden enumerar: Discos Visuales de Octavio Paz, Jardín de niños de José Emilio Pacheco, Lluvias de noviembre con David Huerta, Acorde y Tardes de lluvia con José Miguel Ullán; además ha trabajado con Álvaro Mutis, Andrés Sánchez Robayna, Alberto Blanco y Fernando del Paso.

La siguiente serie, Negaciones (1971-1975): “Tiene como forma unificadora la letra T. Otra vez hay aquí un diálogo de lenguajes. De la lengua escrita el artista traslada un pequeño cuerpo para hacerlo habitante del discurso pictórico, para convertirlo en forma o figura abstracta que descubra sus relaciones con los otros aspectos del cuadro, sobre todo con la materia.

”La propuesta consiste, precisamente, en resaltar y adelgazar la materia sobre distintas superficies; vale decir, ponerla en cuestionamiento, negarla, develar su ausencia y su presencia. Ésa es la idea que alienta el título. Adentro de cada T aparecen puntos, líneas, rombos, círculos y otras pequeñas formas y variaciones de color que logran la riqueza expresiva” (pp. 26-27).

La serie siguiente, Recuerdos (1976-1980) fue, en palabras de Rojo, “el intento de abandonar una infancia difícil, vista a través de juegos que no tuve y de mis emborronados cuadernos escolares”.

Driben la describe de la siguiente manera: “La tela en cada uno de estos cuadros muestra un cuadrado que la abarca casi por entero; adentro de estos cuadrados se suceden las diminutas figuras geométricas o los puntos y líneas que simbolizan a esos juegos y trazos de cuaderno; el cuadrado mismo puede ser interpretado como un remedo del cuaderno. Pero también es posible verlo como una ventana: a la memoria, a rincones y anécdotas que vienen de la niñez y que ahora se expresan ocultándose tras las formas geométricas” (p. 27).

A invitación del Museo de Arte Moderno de París, reside un año en esa ciudad, en donde concibe la serie México bajo la lluvia (1981-1989). La idea original de “este hondo homenaje a México”, tiene sus referentes 30 años antes en Tonantzintla, un día que Rojo observaba llover en el valle de Cholula:

“El empleo de una composición basada en líneas diagonales muy juntas que abarcan toda la base del cuadro intenta recrear la caída de la lluvia; claro que entre la naturaleza representada y la imagen resultante existe intensa distancia; la representación así se efectúa por medio de la metáfora.

”El pintor ha querido darle cuerpo y relieve a esta obra; entonces en muchas de ellas utilizó el collage como puente intermedio entre la plenitud del cuadro y las esculturas, que en este periodo comenzó a hacer”.

Durante la década de los 90, Rojo trabaja la serie Escenarios y de nuevo “emerge una figura central que ordena el resto de la estructura y da lugar a distintas miniseries: Paseo de San Juan, Pirámides y volcanes, Códices y Estelas.

”Una gruesa capa de pintura en muchos de estos lienzos da un cuerpo, una densidad matérica que vigoriza la luz y al color, haciéndolos brotar de la profundidad del fondo”.

En 1991 recibe el Premio Nacional de Arte y el Premio México de Diseño. Ingresa al Colegio Nacional en 1994, siendo el quinto pintor que recibe tal distinción (Orozco, Rivera, Tamayo y el Dr. Atl).

Lelia Driben concluye la semblanza de Vicente Rojo y de su obra resaltando la unidad indisoluble hombre-obra: “Rojo posee una mezcla de conciencia del saber y discreción en que se sustenta su múltiple actividad de pintor, diseñador y editor, de tal modo que cada trabajo emprendido lleva la pulsión de los actos extremos, de lo que debe ser hecho a fondo, con el máximo de solvencia y rigor”.

Obras reproducidas

Triángulo sobre rojo | Señal 2 | Señal 12 | Señal en grises I | Señal apoyada I | Señal detenida | Señal sobre fondo marrón | Negación 5 A | Negación 6 A | Negación 35 | Negación 33 | Recuerdo 102 | Recuerdo 1409 | Recuerdo 126 | Recuerdo 1419 | Recuerdo 1429 | México bajo la lluvia 192 | México bajo la lluvia 141 | México bajo la lluvia 143 | México bajo la lluvia 152 | México bajo la lluvia 156 | México bajo la lluvia B-3 | México bajo la lluvia 160 | Paseo de San Juan 142 | Pirámide dorada | Diez pirámides iluminadas | Escenario D 2 | Códice abierto 10 | Escenario sobre plata 1993 | Escenario antiguo

Nota

1 “Como se sabe, los elementos que componen la base de la pintura son forma, color y materia; con el dibujo y el pincel se construyen las formas sobre la tela; el óleo o el acrílico conforman la materia y el color, que a su vez despliega la luz; dicha materia puede ser lisa o con textura”, Lelia Driben, p. 19.

Referencia

Driben, Lelia (1996). Vicente Rojo. El arte de las variaciones sutiles. México: CONACULTA (Círculo de Arte).


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